Una canción distinta a la que escuchamos todos los días. Un poco de humor, sarcasmo, música, noticias, y reflexiones

domingo, 3 de julio de 2011

Un cáliz para el tiempo


Últimamente me está pasando que me agarran muchos momentos de nostalgia. Me quedo colgado un rato y me pongo a recordar con melancolía ciertos hechos que pasaron, que me marcaron o no. Ciertas cosas que quién sabe cómo, quedan alojados en algún lugar de mi memoria. Siempre que haya una foto se simplifica la cuestión y los recuerdos se hacen más claros, empiezan a tomar forma. Seguro te pasó de quedarte quito un rato, despegarte de la fuerza de inercia que te mueve y recordar algo. ¿Cuántas veces te pasa eso? A mi me está pasando, como ya dije, muy seguido.
Me pregunto ‘por qué’ y trato de buscar respuesta. Lo que primero se me viene a la cabeza es el simple acto de separarme de esa fuerza de inercia que no me gusta nada. Tener la capacidad para parar. Pero no, esa respuesta no me convence.
La segunda respuesta que me viene a la cabeza, y creo que puede ser una de las definitorias, es ‘el tiempo’. Otra de las cosas que últimamente estoy nombrando en mis silencios.
            Será que no nos damos cuenta, pero el tiempo pasa más rápido de lo que podemos dilucidar. El tiempo mismo es en forma como el agua que si tenemos en la mano un poco y abrimos los dedos se nos escapa. Ese agua que es tan valiosa y tan rápido parece circular. El agua que nunca se deja agarrar y que dependiendo de la temperatura es hielo u vapor. De igual forma pasa con el tiempo. A veces hay tiempos duros, tiempos livianos, tiempos para todo como decía Eclesiastés.
            ¿Cuánto tiempo dedicás a cada cosa, cuánto tiempo le dedicás a tu alma, cuánto tiempo a tu familia, amigos, a ser buena persona y a ser feliz? ¿Por qué será entonces que recordamos esos momentos con nostalgia y los extrañamos? ¿Quién no quisiera volver a ser niño? Y el que no quisiera, ¿por qué? Si los niños viven todos los días con intensidad. Con unicidad. Con el espíritu en cada juego, cada risa, cada lágrima.
            Ojalá existiese una fuente lo suficientemente grande como para atrapar todo ese tiempo que se nos escapa sin darnos cuenta y poder disfrutar al máximo cada ratito, cada instante. Pero, disfrutarlo ¿de qué manera? Repito, ¿cuánto tiempo al día (o si querés no te comprometo tanto) a la semana le dedicas a sonreír, a discutir con un sentido más allá de la discusión misma? ¿Cuánto a estar con tu familia, con tus amigos, con vos mismo (del que tanto nos olvidamos)? ¿Cuánto tiempo pensando y haciendo de este un mejor mundo y de tu vida una mejor vida?
Creemos que tenemos todo pero no tenemos nada. Creemos que todo lo que compramos es nuestro, pero si quiera estamos cerca de poseerlo. Creemos que nuestros hijos son nuestros, pero ninguno de nosotros se siente propiedad de sus padres. Creemos que nuestros amigos son nuestros, pero nos olvidamos el derecho de libertad. Creemos que nuestras mascotas son nuestras, nuestros bienes, ‘nuestros’ ‘nuestras’ son simplemente ‘muestras’. Akiabiá Ben Meahalalel dice: reflexiona acerca de estas tres cosas y no incurrirás en error: piensa de dónde procedes, hacia dónde vas y a quién tendrás que rendir cuentas. ¿De dónde procedes? De una gota fétida. ¿Hacia dónde vas? Al polvo y a los gusanos ¿Ante quién tendrás que rendir cuentas? Ante el Soberano del Universo, El Santo Bendito Él.
Creemos que tenemos todo pero no tenemos nada, lo único que sí tenemos es tiempo, ¿cómo vas a disfrutar este regalo que te dieron? ¿Qué regalo? La vida. Lo único que tenés para disfrutarla es tiempo y cada vez menos.
Jodesh Tov, Buen mes
Ari Dajczman
1 de Tamuz 5771 – 3 de julio 2011