Una canción distinta a la que escuchamos todos los días. Un poco de humor, sarcasmo, música, noticias, y reflexiones

domingo, 18 de diciembre de 2011

No es sólo una queja


No quiero quejarme, no busco el descargo, sólo tengo una pregunta, ¿dónde quedó la ética?

Me pasa que en situaciones de la vida cotidiana, cerca o lejos, escucho o hablo con personas, veo y comparto situaciones. No estoy alejado para nada de lo que es vivir el día a día en una ciudad, viajar en un colectivo, estudiar, trabajar, tener vecinos, amigos, pareja, familia, etc. Soy un tipo que cuenta la pregunta que le está rondando la cabeza hace muchos días, ¿dónde quedó la ética? ¿La gente ya no busca ser mejor persona, o por lo menos ser persona?
No se si la respuesta es ‘no’, pero definitivamente no lo demuestran. Antes de generar alguna confusión, seguramente yo tampoco lo demuestre, sin embargo me lo pregunto, una y mil veces, ¿Qué está bien y qué está mal? Con el único fin de ser mejor persona.
¿Habrá una solución?

‘Volveré, y seré millones’ dijo alguien que nunca volvió.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Gotas dentro del agua





¿Será que cada momento pasa y no lo podemos agarrar? ¿Cómo captar las sensaciones que brotan como el polen en primavera?  Las modas vienen y se van, y ¿qué te dejan? Nada, sólo la nostalgia de sentirte vacío. Sólo recuerdos perdidos en algún lugar de no se dónde. Recuerdos que aparecen cuando menos te lo esperás. Habrá que construir más islas en el tiempo. Habrá que olvidar más cosas de las que podés llegar a recordar, para no tener esa rara melancolía de estar vivo.

¿Será que realmente no hay nada nuevo bajo el sol? Me siento a pensar qué es lo que realmente necesito para vivir. La respuesta no puede ser solamente ‘comida’. La respuesta no puede ser solamente ‘agua’. La respuesta no puede ser solamente ‘oxígeno’. ¿Cuál es la respuesta? ¿Necesito sonreír? ¿Necesito a otras personas? ¿Necesito tenerlo todo? ¿Necesito volar? ¿Necesito cantar, cantilar, caminar, cantinar? ¿Qué es lo que necesito para vivir?

¿Será que después de la tormenta viene la calma? Correr, parar. Hablar, escuchar. Comer, tomar. Ser y no ser. Pensar, sentir. Ver, volar. Hacer, des-hacer. Recordar y olvidar. Morir, nacer. Vivir, no vivir. Despertar, dormir. Secar, mojar. Respirar, sufrir. Cantar, gritar. Unir, separar. Tormenta, calma.

 ¿Será que no hay donde escapar? Sin parar de dar vueltas en un laberinto, busca día y noche sin cesar la salida. Busca pero no busca bien, porque sino ya hubiera encontrado. Pasa mil y una noches por el mismo lugar, cuarenta días y cuarenta noches por otro. Busca salida, o trata de hacer una. Busca para sí. Busca pero no sabe si quiere encontrar. No sabe qué quiere encontrar. Una salida, una respuesta, un otro, un toro, un locro, un potro, un coro, un moro. Existe, es lo único que sabe.

¿Será que dentro del agua no se sienten las gotas de aire? Diferenciar, distanciar, discernir, discriminar, dinamitar, dictaminar, diseminar, diluir. ¿Existe un parecido entre una burbuja o una gota? La única manera de saberlas es en medios diferentes, donde nunca podrán coexistir. ¿Dónde está el límite? ¿Dónde se abren las aguas? Qué preciadas son unas gotas de aire en el fondo del mar, y qué preciadas son, Dios, unas burbujas de agua en el desierto.

¿Será que el viaje más difícil es al centro de la tierra? Por donde lo mires, siempre empezás del principio. ¿Qué es lo que das por cierto? Existe una verdad más vieja que la mentira. Una verdad dicha dos veces, deja de ser verdad. Una mentira dicha dos veces, incrementa su poder. Poder, potencial. Posibilidad, posesión. Equilibrio entre lo que se va y viene. Todo tiende al equilibrio. Todo tiende a la tendencia. Existen las excepciones, porque sino, no hay equilibrio. Entonces, ¿para qué?


Ariel Dajczman
29-11-11

lunes, 15 de agosto de 2011

Elegir o Decidir



Situación: Estoy en el piso sentado, luz apagada. Un libro delante de mí,  abierto e iluminado por una vela. El libro está apoyado en una tela que bien puede ser una remera o un trapo, porque éste, el libro, no puede tocar directamente el suelo. No hay mayor ruido que una respiración, lenta y pausada: La mía.
El texto dice así: ¡Cómo está sentada solitaria la ciudad que estaba llena de gente! Ha venido a ser como viuda la que era grande entre las naciones; la princesa entre las provincias...
El libro que está apoyado en el trapo se llama La Biblia y el texto en particular es el libro de Eijah (mal traducido como ‘Lamentaciones’)
Eijah o Ejá significa ¿cómo? ¿Cómo llegamos hasta este lugar? ¿Cómo hicimos para llegar a este punto? ¿Qué nos pasó en el medio? Decime o contame si nunca te lo preguntaste.
La vida se puede resumir en una sola palabra; decisiones. La vida es una constante suma de elecciones, votaciones, deliberaciones, debates y finalmente decisiones. A veces nos toca elegir entre un nombre u otro, entre una amistad u otra, entre un negocio o la familia, entre un candidato político u otro, etc.
Hay una diferencia por mínima que sea entre Elegir y Decidir:
Si nos ofreciesen dos comidas diferentes para almorzar, y tuviésemos que comer una sola, tendríamos que elegir. Pasaría de igual manera con una prenda de ropa o con un tema musical, etc. La elección tiene un resultado inmediato. Elijo ya, ahora, con consecuencias a corto plazo: Me pongo ésta ropa porque tengo frío, voy a tal lugar porque quiero ir a visitar a un familiar. Elijo. Todo el tiempo, dinámica e instantáneamente. Puedo elegir, reelegir y elegir otra cosa contraria. Puedo, es fácil, porque es dinámico. Hoy quiero esto, mañana quiero aquello. No tiene un tope, un stop.
Ahora, mi pregunta es, ¿elijo yo cómo ser, sabiendo que mañana puedo ser diferente? ¿Elijo qué camino voy a tomar, porque sé que mañana voy a caminar por otro? ¿Elijo o decido?
Ahí es cuando decidir tiene un poquito más de fuerza que elegir. Definitivamente yo no puedo elegir ser una suerte de hippie y mañana ser un cabo de las fuerzas armadas. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo? Te dejo un rato para que lo pienses. Una de mis conclusiones, la tuya seguramente es válida, es porque nunca voy a ser eso que digo que soy. Pues mañana seré otra cosa. En cambio, cuando decido algo, soy eso. Hay un tope, una pausa, un ‘algo’ que me caracteriza. Si pudiésemos crear un conjunto y llamarlo ‘elecciones’, dentro de él abría un subconjunto llamado ‘decisiones’. Decidir es poner un punto final o (lo mejor sería) poner un punto a parte en el Libro de las Experiencias. Ser significa Decidir.
Podría dar miles de ejemplos pero creo que la idea se entiende y por eso te pregunto, ¿Por qué la vida es una suma de decisiones? Repito que decidir es algo más específico que elegir.
Uno en la vida, como dijimos antes, va eligiendo cosas y también decidiendo otras cosas. La cuestión es que las decisiones que tomemos (y no las elecciones) cambian el curso de nuestra vida. La elección tiene vuelta atrás la decisión casi no. Y digo casi no porque nunca, nunca, se puede volver un punto inicial una vez tomada una decisión. Ésa es la diferencia fundamental entre elegir y decidir. Las consecuencias del decidir son más pesadas y firmes que las de elegir. Son consecuencias para toda la vida, por eso es tan difícil decidir. Decidir entre una persona para que sea mi pareja u otra, decidir estudiar, trabajar, ser o no ser, amar, callar, hablar, hacer o deshacer.
Quiera Dios que antes de decidir lo que sea, tengamos una visión grande y podamos ver las consecuencias que pueden generar un simple sí o no. Podamos decidir para bien y no tener que decir ‘¿Cómo llegamos hasta este lugar? ¿Cómo hicimos para llegar a este punto? ¿Qué nos pasó en el medio?’. Podamos decidir con convicción y teniendo en cuenta que siempre, lo que decidamos, tiene consecuencias en nosotros y en el otro.

Aguite Boj – Buena semana
15 de Av 5771 – 15/08/11
Ari Dajczman

sábado, 13 de agosto de 2011

Ausencia de

Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta."-¿Dios creó todo lo que existe?" Un estudiante contestó valiente: -Sí, lo hizo.
¿Dios creó todo?: -Sí señor, respondió el joven.
El profesor contestó, -"Si Dios creó todo, entonces Dios hizo el mal, pues el mal existe y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo".
El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe era un mito.
Otro estudiante levantó su mano y dijo: -¿Puedo hacer una pregunta, profesor?. -Por supuesto, respondió el profesor.
El joven se puso de pie y preguntó: -¿Profesor, existe el frío?, -¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?.
El muchacho respondió: -De hecho, señor, el frío no existe.
Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. "Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor".
Y, ¿existe la oscuridad? Continuó el estudiante. El profesor respondió: -Por supuesto.
El estudiante contestó: -Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuan oscuro está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.
Finalmente, el joven preguntó al profesor: -señor, ¿existe el mal?. El profesor respondió: -Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.
A lo que el estudiante respondió: -El mal no existe, señor, o al menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó el mal.
No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones.
Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz. Entonces el profesor, después de asentar con la cabeza, se quedó callado.
El nombre del joven era Albert Einstein.

lunes, 8 de agosto de 2011

El arma de doble filo


Alguna vez cuando fuiste chico, si no es que lo sos o te sentís como si fueras tal, te dijeron que no muerdas los cuchillos. Por lo menos que no los lamieras.
Si fuiste lo suficientemente vivo te habrás dado cuenta por qué te lo dijeron. Sin embargo hay un lado de la hoja de metal por el que sí se puede pasar la lengua sin ningún problema. Es una de las caras de este instrumento, la que no tiene filo.
¿Qué pasaría si existiese un supuesto caso, o un supuesto cuchillo, que tiene el filo de los dos lados? Tendrías que, aunque sea, tener un poco de cuidado al agarrarlo.
De eso quiero hablar un poco, de un arma de doble filo: la bondad.
Creo yo, que no existe cosa en el mundo que se compare con ayudar al otro y darle lo que necesita para ser feliz. Lo podemos ver en una pareja, en una relación de amistad, de padres e hijos, etc. No hay cosa más linda que ser bueno con alguien. ¿Hace falta que te diga por qué?
¿Nunca te pasó que hiciste algo por alguien si pedir nada a cambio y te costó ‘sacrificio, malasangre, nervios, etc.’? Y no sólo eso, sino que además de no recibir nada a cambio, hay veces que, para colmo, perdés.
Lo raro es que tendría que existir en vos un vacío, pero te sentís más lleno que nunca.
¿Se entendió? De todas maneras este ‘filo’ es lo que me ocupa hoy, sino del que apunta para vos. ¿Qué quiero decir?
Ser bondadoso tiene sus consecuencias y muchas veces duelen bastante. Querer hacer feliz a otro implica ceder en millones de situaciones, hundir el orgullo en el más profundo de los océanos, estar para esa persona aunque muchas veces no lo merezca. Estar miles de veces solo/a porque, al parecer nadie entiende realmente lo que es querer ayudar al otro, ser un bicho raro que va en contra de la corriente. Saber, como nadie, perdonar. Desear el bien, más allá de que las consecuencias te dejen solo. Mostrar quién y cómo sos, por más de que sabés que la gente lo puede usar en tu contra.
Estar siempre con una sonrisa, tal vez para poner feliz al otro, deriva en que dejen de preguntarte si sufrís, si llorás, si tenés una pena que hiere muy hondo.
¿Será que al fin de cuentas ganan los que viven usando una careta y se olvidan de mostrarle al mundo lo que siente su corazón? ¿Será que las mayorías tienen razón siempre? ¿Será que para ser feliz tenés que vivir día a día como si fuera el último y el día que te mueras se acaba el mundo? ¿Será que lo que importa realmente es cuán famoso sos, cuántas mujeres o pertenencias o plata tenés? ¿Será que si no estás a la moda, no existís?
No señor, me resigno a eso y a la idea de seguir pensando eso. Me resigno e insisto en un mundo reinado por la bondad y el altruismo. Quiero un mundo donde cada persona pueda mostrar quién es y cómo es. Un mundo donde ser feliz y querer hacer feliz al otro no tenga un precio que pagar, ya sea con plata, dolor o mucho sufrimiento. Quiero un mundo donde el ‘cómo estás’ tenga un peso importantísimo. Que las personas antes de ser egoístas sean abnegadas y piensen en lo que le puede pasar al otro antes de actuar por sus propios intereses.
Podés decir que el mundo que quiero es utópico, pero las utopías las crearon los pesimistas. Estoy seguro que vos querés el mismo mundo que yo y si crees que es una nunca lo vamos a lograr.
You may say that I'm a dreamer, but I'm not the only one. I hope someday you'll join us,
and the world will be as one.




Fe de erratas: Sé que la nota no está del todo bien redactada pero necesitaba protestar y éste me pareció un buen medio.


Laila Tov – Buenas Noches
9 de Av 5771 – 08/08/11
Ari Dajczman

jueves, 14 de julio de 2011

Charlas telefónicas


Pasa poco pero pasa que un hijo habla con su madre por voluntad propia y espontáneamente. Pasa o por lo menos eso me pasa a mí. Sí, y resulta que en uno de mis ataques de espontaneidad la llamo al trabajo para contarle algo que me molestaba, una incomodidad en mi pensamiento, en mis días. Mi mamá obviamente al escuchar que su hijo ‘con el que nunca tiene una conversación’ (exageración de una idishe mame) la llama por teléfono responde felizmente.
La charla iba tomando un rumbo poco transitado y llega a una pregunta un poco rara: ¿qué es ser feliz? Una de las preguntas que todos tendríamos que saber responder pero mucho nos cuesta definir. Yo no lo sé, sólo creo saberlo (como todos). Pero me responde ella:
Para mí (para mi mamá) ser feliz es estar bien de salud, tener un trabajo, estar con mi familia, que me mandes un mensaje, eso. Con esas cosas yo soy feliz. Y para vos, ¿qué es ser feliz?
Qué pregunta más complicada, porque al responderla tendrías que responder qué hacés para lograr llegar a esa felicidad, o así lo creo yo.
Mi respuesta fue: Mi felicidad está en la felicidad del otro; cuando veo a alguien sonreír ahí soy feliz.
Puede que te resulte vago, simple, ‘respuesta hecha’ pero no quiero entrar en el campo del ‘qué hago entonces para ser feliz’ porque no es el sentido de la nota. Tampoco porque no es una prueba para mi esto. Es sólo un comentario, crítica, llamado de atención a las personas y a todos los días.
¿Qué será la felicidad que es lo que todos buscamos (supuestamente)? Para mi (y repito, PARA MI) la felicidad es darte todo lo que merecés y hacer de vos lo mejor que puedas. Darte todo lo que necesitás, satisfacer todas, todas tus necesidades.
¿Te tiré una bomba? ¿Pensaste que iba a ir más por lo espiritual? Dame un poco de tiempo.
Si para vos ser feliz es ser millonario, ¿qué esperás para serlo? Si ser feliz es tener fama, autos, poder, mujeres, hombres, posesiones, propiedades, etcétera, ¿qué esperás para tener todo es? No es tan difícil de conseguir, sólo tenés que aprovechar el tiempo y así lo vas a conseguir. (¿Te suena un poco de voluntad? Es la continuación). Peeero, pero, pero, resulta, por verlo todos los días, que si llegas a satisfacer alguna de tus necesidades con alguna de estas (u otras) cosas va a aparecer en vos otra necesidad que de seguro también vas a querer satisfacer. Vamos a lo cotidiano:
Recordá algo que hayas deseado MUCHÍSIMO. Un celular, una lapicera, computadora, ropa, objeto, lo que sea. Una vez que lo obtuviste, ¿tuviste la misma sensación de deseo y de amor hacia ése objeto como la que sentías antes de tenerlo? No me mientas, pero por sobre todas las cosas, no te mientas. No. No la tuviste. ¿Por qué? La razón es muy simple: Porque son bienes materiales y efímeros. Cosas vanas. Por cada cosa que adquieras vas a querer otra que cubra otra y otra necesidad. ¿Será que por más que sigas obteniendo cosas materiales nunca llegas a un estado de felicidad o de sentirte satisfecho? ¿Será que ahí no está la felicidad?
Yo no te voy a responder ‘qué es la felicidad’, porque todavía no llegue a serlo completamente. Sólo te doy la pista que yo uso para encontrarla y que me sirve bastante. Lo que yo te propongo es que seas la persona más feliz en la tierra, teniendo tres cosas en claro: no hacerle mal a nadie, no hacerte mal a vos mismo y vivir. Si seguís estos tres consejos poco a poco vas a ir dándote cuenta de que el más difícil de los tres es vivir.
¿Vivir? Vivir para ser feliz. Todos los días, desde que te levantás hasta que te acostás. Desde que das un paso, mirás a alguien, le decís algo. En todo momento tu objetivo tiene que estar claro. ¿Cuál era el objetivo Ari? Ser feliz. ¿Qué es la felicidad? Nada material.
No hacerle mal a nadie, no hacerte mal a vos mismo y vivir, que lo único que cuesta es vida.

Erev tov, Buenas tardes
Ari Dajczman
12 de Tamuz 5771 – 14/07/11

jueves, 7 de julio de 2011

Buscando a Dios


Aclaración: La siguiente nota está mínimamente modificada para que pueda entenderse lo mejor posible. Los hechos son reales.
La nota posiblemente está un poco inconclusa, te pido que si te queda algo colgado me lo hagas saber.

Hace poco tuve una charla más que interesante con una adolescente que estudia para ser Madrijá[1]. La charla surge así:
En el curso de madrijim de Darkei NOAM los talmidim tenían que hacer una planificación a gusto y piacere con el único requisito de que el tema de la peulá[2] a planificar sea relacionado con el judaísmo. No me acuerdo qué tema había elegido el grupo de esta señorita, pero era un tema ‘difícil’ de tratar. Si bien ningún tema tendría que ser difícil hablando de educación (lo difícil es encontrar la manera de que sea fácil de entender o de aprender mejor dicho) los chicos encontraron algo medio rebuscado.
Calle de mi casa, aterdecer
Repito que no me acuerdo qué tema era el que eligieron, pero cuando era mi turno de supervisar la actividad planificada y decirles que era un tema complicado, uno de los integrantes del grupo dijo ‘claro, como hacer una peulá de Dios’. A lo que yo contesto ‘es verdad, para empezar hay que saber si creen o no en Dios y por qué. Yo, Ari, haría una peulá de Dios pero porque yo sé qué es para mí y tengo mis pruebas de que existe. Ustedes (eran 3) ¿creen en Dios?’ Respuesta: ‘Sí, mas o menos, no. A ver (en tono desafiante) qué pruebas tenés de que existe Dios’
Ahí empieza la charla con la chica y es la charla que les voy a dar a ustedes. En algunos momentos voy a intercalar posibles respuestas de un desafiante o de un sediento de respuestas.
-¿En qué Dios crees? –No creo en Dios. –Es verdad, ¿en qué Dios NO crees?
Desde que somos chiquitos por inercia o por ósmosis vamos aprendiendo que Dios es un señor que nos mira desde los cielos, un señor que viste con una túnica blanca, que tiene barba blanca, voz grave, alto. Que está sentado en una nube, que está feliz cuando sale el sol, triste cuando llueve. Duerme por la noche, a veces usa bastón, etc. Crecemos con la imagen de un Dios que manda, ordena y desordena. Un Dios que nos mueve como fichas de ajedrez. Etc, etc, ETC. Y Aaah me olvidaba, etc.
-¿NO crees en ese Dios? –Sí, en ese no creo. –Yo tampoco y ¿por qué? Porque para mí eso no es Dios.
Me explico: ¿Cómo puede ser que Dios, siendo algo tan grandioso (por lo que aprendimos, aunque no sepamos nada) pueda tener forma de hombre? ¿De hombre?
Materia, finito, susceptible a enfermedades, débil, vago, instintivo, etc.
No, eso no puede ser Dios.
-Bueno, pero no me dijiste qué es para vos Dios. –Y si te digo que no te lo puedo definir en palabras simples te enojás conmigo. Así que voy a tratar de aproximarme.
Hasta ahora, todos los días de mi vida pude abrir los ojos y levantarme a un nuevo día. Todos los días (menos aquellos en los que ciertos factores me lo impedían) pude caminar y hablar. No sólo que puedo hablar, sino hacer que otros entiendan o se aproximen a lo que pasa por mi cabeza. Puedo cantar, puedo crear cosas con sólo pensar. Puedo volar por otros mundos estando abrazado a una persona, y sentir 5 millones de cosas diferentes dentro de mí. Puedo reír, jugar, comer, etc y más etc.
-¿Y la persona que no puede hacer todo eso? Si llamás a eso Dios, para esa persona no existe. –Es verdad, dejame que siga:
Av. de Mayo y 9 de Julio. Protesta Indígena
Todas las mañanas quieras o no, sale el sol por el mismo lugar (¿todavía no sabés que desde el este?). Todas las tardes el mismo sol que le da vida a la vida, el que alimenta a las plantas, que da calor y es una fuente casi inagotable de energía se pone por el mismo lugar todas las tardes formando una de las imágenes más increíbles en la tierra ¡y es siempre por el mismo lado, todos los días!
Que alguien me diga si existe alguna musa inspiradora para un artista como lo es la lluvia. Agua, el 80% de nuestro cuerpo. El alimento de las plantas, el sustento de la vida.
-Para, lo único que hacés es describir lo que pasa todos los días. ¿Y Dios? No lo veo ahí. -¿Seguro que no ves a un hombre de barba por ahí? Chiste, chiste. Sigo:
¿Te preguntaste alguna vez cosas sobre la vida? ¿Hay cosas que no podés entender, explicar y por más que la ciencia avanza nunca las explica? ¿Te preguntaste alguna vez si el amor es un sentimiento nada más? Si el amor es algo bueno, ¿por qué te hace sufrir tanto? ¿Por qué de amar a odiar hay un solo paso? ¿Existe una fuerza que nos mueve a todos? ¿Por qué la gente lucha por la justicia si no es común? ¿Por qué la gente después de hacer tzedaká[3] se siente mejor que nunca, si la tzedaká es económicamente improductiva? ¿Existe una verdad absoluta? ¿Existe algo más allá de lo que vemos todos los días?

Podría estar haciendo muchas preguntas más pero esta charla no terminaría más. A esas cosas que no puedo contestar, a muchas, las llamo Dios. Creo que existe un más allá de lo que vemos todos los días, pero está dentro de esas cosas cotidianas. Sólo hay que saber verlas.
La frase principal del judaísmo es: שמע ישראל יהוה אלהינו יהוה אחד (Escucha Israel, Adon-i es nuestro Dios, Adon-i es único). Escucha Israel Adon-i. Escucha. Será que hay que saber escuchar dónde está dios y no ver lo stam[4] de las cosas. (La Shin misteriosa)
Creo que existe una fuerza que nos mueve a todos con un plan universal y celestial que no puedo comprender y nunca lo podría comprender y sólo pertenece a esa fuerza que la llamo Amor, Dios.
Creo que dentro de mí tengo una partecita de ese amor, de ese Dios. Algo que algunos lo llamamos alma. Creo que eso es lo que me da fuerzas todos los días para vivir y darle vida a mi vida. Ayudar a quién lo necesite y alimentarme de buenas acciones.
No creo en las casualidades sino en las causalidades. Creo en el libre-albedrío. Creo en la posibilidad de ganarme un mundo mejor y ayudar a los demás a ganárselo. Creo en las maravillas que pasan todos los días. Creo en mí y creo en la gente. Creo en el Amor y en la Paz.
Definitivamente creo en un Dios que existe. No le rezo más que a ese. No hay a quién agradecerle más que a él el poder disfrutar la vida.
Sector Este del pabellón II, Ciudad Universitaria
Quedan preguntas por hacer, ¿Por qué dios permite la guerra? ¿Por qué Dios permite la muerte, las enfermedades?
Ya harbrá tiempo para eso, suficiente por hoy.



-Si no crees en Dios todavía, no importa. Lo único que te pido es que trates de hacer tu vida la más feliz posible sin hacerle mal a nadie ni mal a vos. Poco a poco te vas a ir dando cuenta que cuando tus placeres materiales se vayan satisfaciendo algo en vos va a reclamar placer. Una vocecita dentro tuyo que muchas veces la dejamos olvidada y algunos la llamamos alma, otros también la llamamos amor, y otros finalmente la llamamos Dios.

Laila Tov, Buenas Noches
Ari Dajczman
7/06/2011 - 5 de Tamuz de 5771


[1] Educadora No-Formal Judía
[2] Actividad donde se desarrolla la educación no-formal judía
[3] Justicia social - solidaridad
[4] Llano - simple

domingo, 3 de julio de 2011

Algo de Lógica

Un joven que había estudiado lógica, acudió a un rabino y solicitó ser instruido en Talmud.
            "¿Lógica?" - preguntó el rabino - "dudo que eso sea suficiente para estudiar Talmud, pero te tomaré una prueba. Supongamos que dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?"
"Eso es fácil, el de la cara sucia" - respondió el estudiante.
"Incorrecto" - dijo el rabino - "el de la cara limpia. Veamos: el de la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara también está limpia. El de la cara limpia mira al de la sucia y piensa que su cara está sucia, así que él se lava la cara."
"No pensé en eso" - admitió el joven - "deme otra oportunidad".
"Volvamos a empezar. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?" - Planteó el rabino.
            "Recién hemos respondido, aquel con la cara limpia" - contestó el estudiante.
            "No. Ambos se lavan la cara - dijo el rabino - Aquel con la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara está limpia también. Pero el de la cara limpia mira al de la sucia, y piensa que su cara también lo está, entonces se lava. Cuando el de la cara sucia ve que el de la limpia lava su cara, él también se lava. Por lo tanto ambos lavan su cara".
            "No me di cuenta de esa alternativa" - expresó el joven - "deme otra oportunidad".
            "Está bien. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?" - Preguntó el rabino:
"Ambos lavan su cara" - respondió con énfasis el estudiante.
"No. Ninguno de los dos". - Dijo el rabino - "Aquel con la cara sucia mira al de la limpia y piensa que la suya también lo está. El de la cara limpia mira al de la sucia, y piensa que su cara también está sucia. Pero cuando él ve que el hombre de la cara sucia no se lava, él tampoco se lava. Por lo tanto ninguno se lava."
"Una última oportunidad y le demostraré que puedo estudiar Talmud" - pidió el joven.
"Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?" - Volvió a plantear el rabino:
"Ninguno" - exclamó triunfalmente el estudiante.
            "¿Ves ahora por que la lógica no es suficiente para estudiar Talmud?
            Cómo es posible que dos hombres que bajan por la misma chimenea, uno salga con la cara sucia y otra con la cara limpia? ¿No ves que la pregunta es tonta? Y si intentas contestar preguntas tontas, tu respuesta será tonta. Así que aprende algo más de lógica antes de que intentes estudiar el Talmud." - Sugirió el rabino.

Un cáliz para el tiempo


Últimamente me está pasando que me agarran muchos momentos de nostalgia. Me quedo colgado un rato y me pongo a recordar con melancolía ciertos hechos que pasaron, que me marcaron o no. Ciertas cosas que quién sabe cómo, quedan alojados en algún lugar de mi memoria. Siempre que haya una foto se simplifica la cuestión y los recuerdos se hacen más claros, empiezan a tomar forma. Seguro te pasó de quedarte quito un rato, despegarte de la fuerza de inercia que te mueve y recordar algo. ¿Cuántas veces te pasa eso? A mi me está pasando, como ya dije, muy seguido.
Me pregunto ‘por qué’ y trato de buscar respuesta. Lo que primero se me viene a la cabeza es el simple acto de separarme de esa fuerza de inercia que no me gusta nada. Tener la capacidad para parar. Pero no, esa respuesta no me convence.
La segunda respuesta que me viene a la cabeza, y creo que puede ser una de las definitorias, es ‘el tiempo’. Otra de las cosas que últimamente estoy nombrando en mis silencios.
            Será que no nos damos cuenta, pero el tiempo pasa más rápido de lo que podemos dilucidar. El tiempo mismo es en forma como el agua que si tenemos en la mano un poco y abrimos los dedos se nos escapa. Ese agua que es tan valiosa y tan rápido parece circular. El agua que nunca se deja agarrar y que dependiendo de la temperatura es hielo u vapor. De igual forma pasa con el tiempo. A veces hay tiempos duros, tiempos livianos, tiempos para todo como decía Eclesiastés.
            ¿Cuánto tiempo dedicás a cada cosa, cuánto tiempo le dedicás a tu alma, cuánto tiempo a tu familia, amigos, a ser buena persona y a ser feliz? ¿Por qué será entonces que recordamos esos momentos con nostalgia y los extrañamos? ¿Quién no quisiera volver a ser niño? Y el que no quisiera, ¿por qué? Si los niños viven todos los días con intensidad. Con unicidad. Con el espíritu en cada juego, cada risa, cada lágrima.
            Ojalá existiese una fuente lo suficientemente grande como para atrapar todo ese tiempo que se nos escapa sin darnos cuenta y poder disfrutar al máximo cada ratito, cada instante. Pero, disfrutarlo ¿de qué manera? Repito, ¿cuánto tiempo al día (o si querés no te comprometo tanto) a la semana le dedicas a sonreír, a discutir con un sentido más allá de la discusión misma? ¿Cuánto a estar con tu familia, con tus amigos, con vos mismo (del que tanto nos olvidamos)? ¿Cuánto tiempo pensando y haciendo de este un mejor mundo y de tu vida una mejor vida?
Creemos que tenemos todo pero no tenemos nada. Creemos que todo lo que compramos es nuestro, pero si quiera estamos cerca de poseerlo. Creemos que nuestros hijos son nuestros, pero ninguno de nosotros se siente propiedad de sus padres. Creemos que nuestros amigos son nuestros, pero nos olvidamos el derecho de libertad. Creemos que nuestras mascotas son nuestras, nuestros bienes, ‘nuestros’ ‘nuestras’ son simplemente ‘muestras’. Akiabiá Ben Meahalalel dice: reflexiona acerca de estas tres cosas y no incurrirás en error: piensa de dónde procedes, hacia dónde vas y a quién tendrás que rendir cuentas. ¿De dónde procedes? De una gota fétida. ¿Hacia dónde vas? Al polvo y a los gusanos ¿Ante quién tendrás que rendir cuentas? Ante el Soberano del Universo, El Santo Bendito Él.
Creemos que tenemos todo pero no tenemos nada, lo único que sí tenemos es tiempo, ¿cómo vas a disfrutar este regalo que te dieron? ¿Qué regalo? La vida. Lo único que tenés para disfrutarla es tiempo y cada vez menos.
Jodesh Tov, Buen mes
Ari Dajczman
1 de Tamuz 5771 – 3 de julio 2011

martes, 21 de junio de 2011

Momento 1

Situación de colectivo[1]. No importa precedencia ni destino. No importa línea ni interno, ni siquiera recorrido. Lo único que importa es que estoy en un colectivo en Buenos Aires. No recuerdo bien si era en el Gran o de la General Paz hacia el este, hacia el Río de La Plata. Pero como dije antes, no es eso lo que importa, lo que modifica mi relato.
Estoy situado en el asiento que está detrás a la puerta del medio, en el lugar que podríamos llamar del pasillo. Es uno de esos bondis que son especiales o ideales para gente discapacitada o, mejor dicho, con capacidades acotadas, para niños, mujeres embarazadas, gente mayor. Si no recuerdo mal los asientos eran de tapizado naranja, y lo demás (la parte interna del colectivo) era blanca.
A juzgar por la hora el ómnibus no iba tan lleno. Imaginate: más o menos las 6 de la tarde de un viaje de vuelta en un día hábil y recién a la mitad del recorrido del chofer. Ese chofer al que le confiamos no sólo nuestro viaje sino no nuestra vuelta a casa, que no es lo mismo. Tal vez no es que venimos, sino que vamos.
Se empezaba a sentir ese calorcito humano. Mezcla del cansancio, de horas de laburo y por sobre todas las cosas porque todavía era verano o principios de otoño, cuando odiamos viajar por la temperatura bastante cálida y no vemos la hora de llegar y tomarnos un buen vaso de soda fría, o tal vez tres, y tomar unos amargos al ritmo de los chicos que nos cuentan cómo les fue en la escuela, unas leídas a una revista, un diario vespertino, una novela en la tele, un libro o, por qué no, al compás de la radio, de piazzola, chopin… Perdón, hasta la radio estaba bien. No es que nadie pueda disfrutar esa música, pero a esa hora escuchar llorar un bandoneón, raspar un violín o resoplar un trombón, puede ser bastante difícil. Y digo difícil por el simple hecho de que hay que estar preparado o entrenado para escuchar una sinfónica y disfrutarla desde el primer contrabajista hasta el de los platillos. Y al dos por cuatro, le perdimos mucho respeto, lo descuidamos y para resumir, si hoy en día escuchás tango y tenés menos de 50 ya sos un bicho raro. Espero que alguna vez volvamos a las milongas populares o a San Juan y Boedo antiguo, por nuestro bien.
Estábamos en el colectivo unas 40, 45 personas desde donde yo podía ver. Lo seguro es que yo tenía alguien sentado a mi derecha, alguien sentado atrás mío, alguien a su lado, alguien parado adelante mío, alguien adelante mío (parado en la puerta) y muchos otros álguienes. De un cierto alguien te puedo dar un poco más de información, ese que ya nombré antes y seguro todos conocemos cuando nos subimos al bondi, el Chofer. Bueno, teníamos un chofer. Perdón por no poder decirte más que eso, pero sólo muy pocos (aunque en realidad sería más apropiado decir pocas) saben algo más o aun que sea algún algo más de la vida de los camisa azul que su nombre laboral.
Todos los álguienes, el chofer y Yo, íbamos cada uno en lo suyo, acostumbrados a viajar o a andar por un camino, que pasó en medio de esa rutina, como no podía ser peor, se puso el semáforo en rojo.
Es increíble que existan esos aparatos tan sofisticados. Sí esos cosos que hacen que nos confundamos los colores primarios. Mientras más ganas tenés de llegar o mientras más apurado estés, más eterna se te hace la espera. Digo sofisticados porque tienen, por empezar, un poder mágico: con sólo cambiar un color o combinar un par te dice que hacer. Y lo más impresionante es que es un objeto manipulado por la electricidad. ¿Te imaginás el caos que puede ocasionar una mínima falla en su sistema operativo? Encima de tener la particularidad de cómo dije antes ordenarnos (algo que todos intentan y es algo realmente complicado, manipular personas) tienen además el ingenio para hacernos sentir. Odiamos el rojo: que nos detengan, que nos impongan un alto a nuestro andar. Nos intriga el amarillo: un color bastante complicado. Está sólo para darnos una mínima esperanza de no llegar al rojo. Ese placar de sentir que todavía mandamos nosotros y que a veces dura tan poco. Pero lo peor de todo es cuando le sigue el verde. Ahí sí que se nos hace eterno. La mezcla del rojo y amarillo trae una re-mezcla de sensaciones y ganas de pisar a fondo el acelerador.
El caso es que el semáforo estaba en rojo y yo en mi feliz mundo con ganas de llegar a destino y que se disipe un poco el aroma a cuerpo humano traspirado, cuando de la nada o de pronto, se escucha un grito de mujer o de nena o de mezcla de las dos cosas o de adolescente o de pre-adulta. Era un grito de alguien femenino. Un grito aterrador, desgarrante, con busca de auxilio y con mínimas esperanzas de conseguirlo. Fue tan tremendo el grito que logró que todos giremos (y me acuerdo como si fuera ayer) nuestra cabeza para mirar qué era lo que estaba pasando. Todos los álguienes con cara de preocupados o de intrigados. No sé a cuántos realmente les interesaba lo que pasaba. El grito fue como uno de esos que no te esperás y te sorprenden. Uno de esos que rompen con la rutina diaria. Un grito que salía del alma.
El semáforo seguía en rojo y ya no se volvió a escuchar otro grito y posiblemente fue razón suficiente para que la gente no siga intrigada por ver lo que había sucedido (si es que realmente les había interesado desde un principio). Yo sin embargo seguí esperando a ver que pasaba.
Como por arte de magia el semáforo cambia de color a rojo-amarillo y en ese mismo instante, en ese segundo que para los que están apurados es una eternidad. Ese segundo que para los que están cruzando puede servirles para correr y llegar a la otra orilla, en ese segundo veo (en la vereda de donde había venido el grito) increíblemente una nena (de 7 años aproximadamente) corriendo y atrás un nene (seguramente de la misma edad) persiguiéndola y llegando a atraparla. Un mili-segundo después, ella lo corría a él.
Semáforo en verde el viaje continuó normalmente. Yo ya no era el mismo. Quería una vez más volver a ser chico, un niño, como Janusz Korczak.

Dirás ‘¿demasiado texto para éste final?’. Sacá tus propias conclusiones, yo las sigo sacando.


[1] Esta nota la empecé a escribir cuando me pasó esto. Habrá sido por el mes de Marzo de 2010 y recién ahora la terminé. Lo más lindo es que la recuerdo tal cual.

domingo, 19 de junio de 2011

En el camino

En el camino para llegar a ser buena persona me encuentro con muchas cosas. Una de ellas es gente que me ayuda a empezar el viaje. A caminar. Gente que me acompaña hasta cierto punto donde ya no les corresponde llevarme de la mano, sino mirar por donde voy y tirarme tips de cómo caminar mejor.
Me encuentro con pozos, baches, lomos de burro, señales desprolijas, caminos alternativos y hasta atajos no seguros.
Me encuentro con y en el camino de otra gente, me uno al caminar y aprendemos a caminar juntos. A veces corremos, a veces vamos más lento. Unas veces nos sentamos y hasta dormimos. Compartimos cosas de todo tipo, experiencias que van haciendo de ese camino compartido uno nuevamente solitario pero con más herramientas para caminarlo mejor.
Me encuentro solo. Me encuentro formando mi identidad, mis ideas, proyectos.
Me encuentro con gente que no quiere que avance (de esta hay más que de la anterior) y hasta me ayuda a retroceder. Gente que me lleva por mal camino y me hace vivir las peores experiencias. Pero de todas maneras, sigo caminando y de donde sea que quedé, reemprendo mi viaje.
Llega un momento en el camino donde me encuentro con una persona que siempre caminó cerca de mí y aunque muchas veces no haya prestado la suficiente atención, poco a poco los caminos de ambos se van haciendo uno solo.
Es el momento de caminar con esa persona que no se cruza por causalidad o que se cruzó un par de veces. Caminar de la mano nuevamente (como al principio, pero por todo lo recorrido y caminado, ya no soy el mismo) para crear nuevos caminos para otras personas y para hacer que nuestros caminos (que ahora son el mismo) sean lo más lindos posibles. Caminar de la mano hace que se pueda disfrutar cada paso que das y quieras dar otro por el simple hecho de que tenés con quién darlo. Ese quién no es cualquier quién. Es tú quién y lo va a ser por toda la eternidad, o por lo menos conmigo lo es. Lo sé, lo siento.
Para ser sincero no puedo hablar mucho más de la gente que me encuentro en el camino. Por lo menos no en el mío, puesto que lo sigo transitando.
Lo que sí sé y puedo decir es que es un largo camino, que en un abrir y cerrar de ojos se pasa. Se termina, se desvanece.
Este camino que en una de sus versiones lo llaman vida, es una suerte de ‘juego de la oca’ del que sabemos que empieza en la ‘SALIDA’ y termina en la ‘LLEGADA’. El que hace trampa, llega primero. El que no hace trampa tiende a tener más mala suerte. Si perdés el turno es un buen momento para ver dónde estás y dónde están los que juegan con vos (nadie se salva de perder el turno). Te va a tocar momentos en los cuales vas a compartir los casilleros con los otros participantes.
La gran diferencia es que en este juego de la oca, camino, vida, no jugás por llegar primero. No jugás por llegar al final con más plata, fichas. Jugás no queriendo llegar, aunque sabés que tarde o temprano el juego se va a acabar. Es un juego que no elegimos jugar, pero desde el vamos aparecemos en el casillero siguiente a la SALIDA y sí o sí se acaba, aunque no querramos. Si hacés trampa, llegás antes. ¿Cómo vas a jugar? ¿Qué vas a elegir, leer las instrucciones del juego o mandarte a jugar sabiendo que muchos atajos son muy malos?
Puedo seguir pero no lo voy a hacer, solamente quiero decir que yo extraño a una persona que no terminó de acompañarme cuando debía y que no me puede tirar tips de cómo caminar mejor o por dónde me conviene agarrar para que las cosas se me hagan más sencillas. Nada más.
Shavua Tov – Buena Semana
Ari Dajczman
19/06/11 – 17 de Sivan de 5771

jueves, 16 de junio de 2011

Un poco de voluntad


Hoy un Rab me preguntó ‘cuál es mi concepción de vida’ y se que todavía no estoy en condiciones de responderlo y si lo hiciera en breves cambiaría puesto que me falta todavía para poder llegar a una mínima definición. Lo que sí me hizo pensar (algo en lo que vengo meditando hace unos días, o mejor dicho unos años) es la siguiente filosofía:
Yo creo (y creo por experiencia) que la persona que quiere estar mal, lo va a estar. Si quiere estar bien, también lo va a estar. El tema radica en si realmente quiere una cosa o la otra.
Se supone por lo que escuchamos todos los días o por el comentario popular es que ‘todos queremos ser felices’ o ‘nuestra meta es ser felices’ etc. ¿Cuánto nos creemos este cuento? ¿Llegamos al punto de creérnoslo tanto como para vivir con esa meta? Yo creo (y creo por observar un poco) que no. No veo a la gente empezando el día diciendo que va a hacer de ese día algo diferente, algo mejor del que pasó. No veo a la gente cesando discusiones, sino provocando más. No veo a la gente con una sonrisa caminando por la calle.
Yo creo (y creo por comentarios que me hacen) que la gente es bastante hipócrita en este sentido. Te propongo jugar lo siguiente: Te pasó algo terrible, (cortaste con tu novio/a, te fue mal en la facu, se te murió alguien, perdiste algo importantísimo, etc. etc.) ¿qué es lo primero que NO HARÍAS? Martirizarte? Deprimirte? Estar sólo/a? Escuchar música depre? Etc.? Resulta que si bien nada de esto es lógico que hagamos (porque como dijimos antes en la hipótesis, queremos ser felices, queremos estar bien) es lo primero que hacemos y no tenemos ganas de otra cosa. ¿Por qué? Yo creo (por mayoría de votos) que hacemos esto por el simple hecho de que nos gusta estar mal, porque de lo contrario con voluntad –con una gran voluntad- es fácil salir adelante. Sólo hay que saber mirar más allá del hecho en concreto. Hay que tener una concepción de vida para poder ver las cosas de otra manera. En función de la concepción de vida que tengamos es cómo vamos a vivir.
¿Querés ser millonario? ¿Qué esperás para serlo? ¿Qué necesitas, dedicarte a eso día y noche sin descanso ni francos? Sí, eso necesitás y seguro que lo vas a lograr.
¿Qué? ¿Querés ser feliz? lo único que tenés que hacer es cambiar la palabra millonario por feliz en las preguntas de arriba y ya tenés la respuesta.
Yo creo (porque me gusta ser repetitivo) que para ser felices lo único que necesitamos es un poco de voluntad.
La pregunta que viene conectada es ¿Qué es ser felices? Ya habrá tiempo para eso.
Laila Tov
Ari Dajczman
16/06/11- 14 Sivan 5771

lunes, 13 de junio de 2011

La Shin misteriosa

¿Alguna vez te fijaste que en el tefilín de la cabeza hay algo raro? ¿Viste alguna vez un tefilín? ¿Tenés idea de lo que es?
Los Tefilin es uno de los preceptos que está escrito en la Torá-Biblia (Deuteronomio 6:8 "Los atarás como señal sobre tu brazo, y serán un recordatorio entre tus ojos".).Tefilín consiste de dos pequeñas cajas de cuero unidas a correas de cuero. Cada una de las dos cajas contiene cuatro secciones de la Torá escritas en pergamino.
Una de las cajas ("el tefilín del brazo") es colocada sobre el brazo izquierdo para que esté frente al corazón —el lugar de las emociones, y la correa de cuero es envuelta alrededor de la mano izquierda, y alrededor del dedo medio de esa mano. La otra caja (el "tefilín de la cabeza") es puesto sobre la cabeza, por encima de la frente, así reposa sobre el cerebro. De esta manera nuestra atención es dirigida a la cabeza, el corazón y la mano. Esto nos enseña a dedicarnos al servicio a Di-s en todo lo que pensamos, sentimos y hacemos. También nos enseña a no ser gobernados únicamente por los impulsos del corazón, no sea que esto nos lleve al error y la trasgresión. Ni a ser gobernados solamente por la razón, pues esto puede llevar al crudo materialismo.
Sin embargo una mañana cuando me ponía los tefilín me di cuenta que había escrita una letra shin de cuatro brazos y del otro lado de la caja había una común de 3. Me llamó la atención porque esa letra tiene (el 99% de los casos) sólo 3 brazos.
Quiero contarles que en el judaísmo nada es por casualidad o por error. Todo está por algo así que empecé a averiguar por qué esta letra era diferente a las demás.
Encontré respuestas. Una de ellas fue que hay una letra con 3 ramas, para que el que se pone los tefilín recuerde que son 3 vueltas las que enlazan el dedo medio.
4 para recordar que ese es el número de las secciones de la Torá que están en los tefilín.
3+4, para recordar que 7 son las vueltas en torno al brazo. No me convenció. Otra fue que 3 ramas en honor a los patriarcas, 4 ramas en honor a las matriarcas. No me convenció. Se ponen diferentes grafías de la letra, para que el fabricante en el momento de armar la caja de cuero, sepa en qué orden deben ir colocados los 4 pergaminos, que contienen secciones de la Torá, dentro de la caja. No me convenció.
La respuesta que más me gustó (las otras son igual de válidas) es que si miramos con detenimiento en la parte hueca que forman las ramas de la shin de 4 ramas podemos descubrir una shin de 3 ramas. ¿Qué nos enseña esto? Pues, varias cosas. Una de ellas es que en lo aparente se halla otra cosa. Otra posibilidad, es que algo invisible al ojo es lo que contiene lo que en general es visible.
‘Lo esencial es invisible a los ojos’.
Quiera Di-s que podamos ver más allá de las cosas simples que se nos plantean y sacarle el mayor jugo a la vida. Que podamos ver en esos huecos y encontrar respuestas que muchas veces no tenemos y tanto necesitamos.
Boker Tov.
Ari Dajczman
13/06/11 – 11 Sivan 5771

domingo, 12 de junio de 2011

¿Dónde quiero estar?

Como arte de magia o por inspiración divina me pregunté cual es el lugar que le corresponde a uno en el mundo. Parece irónico que las preguntas más cortas sean las más difíciles de responder. ‘¿de dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Quién soy?’. Siempre ocupamos nuestro tiempo tratando de responder las preguntas del caos en el que vivimos y tratar de organizarlo en un cosmos (como la cultura occidental-griega nos viene enseñando desde sus inicios). Tarde o temprano llegan esas respuestas, a veces más tarde que temprano, pero en fin, llegan.
Lo que me interesa ver es cómo uno siempre se fija en organizar las cosas, en ordenarlas, en justificarlas. Esas cosas que son externas a nosotros y nos olvidamos de lo que hay dentro nuestro. ¿Será que no hay caos en nuestra vida? Y si estás leyendo esto, vas a coincidir conmigo de que no hay persona en toda la existencia que su vida haya sido fácil u ordenada. Mientras más cosas pensás que tenés bajo tu dominio, más te das cuenta de las cosas que escapan a vos. Pero bueno, hoy a los que nos ocupa.
¿Cuál es el lugar de cada uno en el mundo? Cuando nos vamos de vacaciones decimos que pertenecemos a ese lugar. Cuando crecemos en un marco por el que dejamos nuestros días, nuestras horas, donde nos hacemos amistades, decimos que pertenecemos a ese lugar. Cuando somos grandes y formamos una familia decimos que nuestra casa es nuestro lugar. Resulta que cuando vivimos algo tan fuerte decimos que pertenecemos ahí o nos sentimos como si toda la vida nos hubiera preparado para estar ahí. Que nuestro destino es estar ahí. Que si existiera una felicidad seguro que la encontramos ahí. Que La Paz que tanto necesita nuestra alma para desarrollar su máximo potencial está precisamente en ese lugar, pero cuando estemos precisamente ahí vamos a contagiarnos de eso que tanto anhelamos porque encontramos un equilibrio.
Debo decir que para mi la felicidad no está en ese lugar. Y la pregunta indicada es ¿por qué? Porque (para usar un ejemplo) aunque tengamos los hijos más maravillosos del mundo, o estemos en ese lugar soñado (una montaña, el mar, la nieve, Disney, etc) depende únicamente del estado en el que nos encontremos en ese momento. Lo que estoy queriendo decir es que no importa tanto (si bien suma muchísimo) de dónde estemos sino de cómo estemos en ese preciso momento.
¿Por qué recordamos con melancolía los tiempos que pasaron? ¿Quién no quisiera volver a ser niño y poder disfrutar más de la vida sin tantas responsabilidades? ¿Acaso nos acordamos de cómo sufríamos cuando éramos chicos? Claro, pero como somos ahora nos sería facilísimo superar esas ‘pequeñísimas’ crisis de niño (o lo creemos así). Será que decimos que ese lugar que nos provocó o nos provoca algo es nuestro lugar porque existe algo que nos toca donde nada ni nadie lo hace. Será que en esos lugares o mejor dicho, en esos momentos cuando estamos en esos lugares, nosotros no somos los mismos. Será que no existen los problemas en esos lugares. ¿A quién se le ocurriría decir que su lugar es donde está lleno de problemas, sufrimientos, caos? A nadie.
Es hermoso irse de viaje y abstraerse de la vida cotidiana (una de las razones por las que ‘vacacionamos’). Pero lamentablemente no podemos irnos de vacaciones todos los días (porque dejarían de ser vacaciones). Por ende la clave o el desafío hacer del lugar en el que estemos nuestro lugar. ¿Cómo? Estando de la mejor manera para poder disfrutar el día a día.
Yo creo que el lugar de cada uno es, o tendría que ser, el Hoy pensando en cómo voy a estar mañana. Es un desafío que te lo propongo y me lo propongo. Es el desafío que se nos presenta todos los días, vivir. Que lo único que cuesta es vida. Y estoy seguro que vivir y estar bien, nos va a llevar a ser un lugar para el otro y que quiera estar con nosotros porque le damos felicidad y paz.
Ari Dajczman
12/06/11 - 10 Sivan, 5771

viernes, 10 de junio de 2011

'..No te harás ídolos delante de mi..'

Aconteció hoy charlando con un amigo (un amigo de esos de los que podes hablar temas que con otras personas no) que entre palabras se nos escapó una verdad, una verdad tan grande que es difícil refutarla.
Estábamos hablando de que es un gran problema cuando alguien idolatra al otro, por un gran saber o una cualidad importante y la conversación cambió de tema a cuando uno no idolatra al otro, si no, que no le da el valor que este merece.
No sé si me explico: ¿Quién es esa persona a la que realmente admiramos? Y por consiguiente, ¿a quién no? Y la tercera pregunta que viene conectada a cualquiera de las dos es ¿por qué?
Siento que sigo sin explicarme, perdón, tiendo a escribir en trabalenguas. Siempre los ejemplos son muy útiles.
Pregunta para vos que estás leyendo esto: ¿Admirás a  Albert Einstein? ¿Admirás a Aristóteles? ¿Admirás a un amigo, un pariente, un maestro, alguien de la televisión? ¿Admirás a alguien aunque sea? ¿Por qué?
En esto me quiero detener: qué es lo que tiene esa persona para que la admiremos tanto. Qué es eso que cuando lo vemos, escuchamos, sentimos nos pone como locos y nos activa un interruptor (que parece tener tierra por lo poco que se activa, generalmente).
La respuesta es obvia, eso que tiene esa persona es lo que nosotros mismos quisiéramos tener acá y ahora.
¿Cuándo no admiramos a alguien? Cuando no nos interesa eso que tiene, cuando lo sentimos lejos nuestro o cuando vemos que no podemos rescatar nada de la otra persona. (Error gravísimo, lo que tenemos que hacer es poder rescatar eso que tiene de especial nuestro prójimo, el otro, y ahí vamos a ver cuanto lo admiramos)
La charla siguió (como me indica mi memoria, que bastante puede engañar) y apareció la pregunta ‘¿cuándo uno empieza a idolatrar al otro?’. Seguramente esta pregunta tendrá muchas respuestas, pero la nuestra fue la siguiente: Si bien podés admirar a una persona, cuando te das cuenta de que no vas a poder llegar a donde este personaje tan importante ha llegado, le empezás a dar un valor un poco superior al de admiración. Este valor nuevo puede ser como no, idolatría[1]. Digo ‘como no’ porque ése es justamente el punto central de la cuestión.
Existen muchas cosas que pueden cambiar cuando tu cabeza hace ese ‘clic’ y se abren tus ojos y te das cuenta que no vas a poder alcanzar a tu sujeto admirado. Lo peor que podés hacer es darle el valor de ídolo, porque el día que se equivoque vas a tomar su error como algo que está bien o vas a encontrar siempre una excusa para defenderlo y cegar tus ojos. Al idolatrar a una persona le estamos dando un valor sobre-humano que lamento decirles, señoras y señores, niños y niñas, nadie tiene. Y si les creé un paradigma en su forma de pensar, vayan aceptándolo, porque es esa verdad de la que hablaba al principio. Dios nos hizo humanos como los que somos, nadie más grande ni grandioso que otro, sino todos diferentes. Nadie por encima de nadie. Personas simples con una gran potencial por desarrollar. ¿Será que eso es justamente lo que tenemos que lograr? ¿Desarrollar nuestro potencial al máximo? Ser las mejores personas que podamos, tomando los mejores ejemplos de los demás y no quedarnos con ser IGUALES a ellos, por la simple razón de que nadie está completo, sino que viene a este mundo a completarse. Desde el comienzo, desde Bereshit que es así. Repito, si empezamos a idolatrar a algún otro, pobre de nosotros cuando (a) justifiquemos los errores de nuestro ‘ídolo’ (b) llegue al punto de que nuestro ‘ídolo’ cometa cierto error (como es posible ya que es un humano sin poderes mágicos más que los que tenemos todos) que se nos caiga la imagen que teníamos de él y pasemos de idolatrarlo a odiarlo.

Quiera Dios que podamos rescatar siempre las cosas positivas de todos los demás. Que podamos verlos como pares a nosotros y no personas inferiores o superiores. Que abramos los ojos y seamos concientes de que no somos personas terminadas, que el día a día cuenta para sumar o restar. Eso sólo depende de nosotros.
Shabat Shalom
Ari Dajczman
10/06/11 – 8 Sivan 5771


[1] Si bien la palabra idolatría connota ídolo - imagen de una deidad representada por un objeto (escultura, pintura, etc.), que es adorado (le es rendido culto ) – no quiero usar ese significado si no el de ‘‘algo más que hombre común y corriente’’