El tiempo
La otra noche, me cuenta Alejandra Adoum, la madre de Alina se estaba peinando para salir. Alina la miraba, mientras la madre, sentada ante el espejo, se pintaba los labios, se dibujaba las cejas y se empolvaba la cara. Después la adre se probó un vestido, y otro, y se puso un collar de coral negro, y una peineta en el pelo, y toda ella irradiaba una luz limpia y perfumada. Alina no le quitaba los ojos de encima.
-Cómo me gustaría tener tu edad -dijo Alina.
-En cambio, yo... -sonrió la madre- yo daría cualquier cosa por tener cuatro años, como tú.
Aquella noche, al regreso, la madre la encontró despierta. Alina se abrazó fuerte a sus piernas.
-Me das mucha pena, mamá -dijo, sollozando.
Eduardo Galeano, El libro de los Abrazos
Una canción distinta a la que escuchamos todos los días. Un poco de humor, sarcasmo, música, noticias, y reflexiones
miércoles, 18 de julio de 2012
lunes, 16 de julio de 2012
Fórmulas y recetas
Hace unos días, entre charlas y canciones, una compañera me consultó sobre cierta bendición que figura en el Siddur (libro de rituales) que es para antes de dormir. La consulta derivó en una conversación sobre las bendiciones y sobre lo llamativas que son algunas. Esa charla me inspiró lo siguiente:
Imaginemos que deseamos preparar una torta. Pero no es una torta cualquiera, porque es una torta para agradecerle a alguien por habernos hecho un favor, o tal vez es una torta que le queremos regalar a otro alguien para que nos haga otro favor, y por qué no, una que sirva para pedir perdón; y ¿si sólo le queremos regalar una torta porque lo queremos? también. Lo importante es que esa torta tiene que estar buenísima y poner todo de nosotros en ella. ¿Por qué? Y.. porque no es para nosotros, es para otro.
Primer escenario posible; Resulta que no sabemos hacerla. No tenemos ni la más mínima idea de cómo se prepara una torta, yo pregunto, ¿qué hacemos? La respuesta bien podría ser, comprar un libro de recetas y buscar la que más nos guste. Seguir paso por paso, ingrediente por ingrediente, mezclarlos, cocinarlos y gualá, hecha la torta.
En un segundo escenario posible, sabemos hacer la torta, pero no podemos hacerla solos, puesto que somos muy malos a la hora de respetar la receta y otro (un amigo, mamá, etc.) nos guía. Lo único que hacemos es respetar lo que nos dice y responder atentamente. La torta la hacemos y estamos más que agradecidos con quien nos ayudó.
Tercera opción; sabemos hacer la torta solos, pero no tenemos mucha cancha en el asunto. Sin embargo, la receta la tenemos ahí por si se nos olvida algún ingrediente, pero nos animamos a mezclar las cosas nosotros y tantear los tiempos nosotros según nos acordamos. La torta, obviamente sale, puede que se haya quemado un poco, puede que haya salido medio curda, pero el otro la va a comer igual porque sabe que pusimos nuestro esfuerzo en hacerla y eso cuenta mucho.
En la cuarta habitación sabemos hacer la torta porque estamos re cancheros en el 'oficio' de prepararlas. Ni hace falta que leamos la receta, porque hace años que la venimos haciendo y sale con mucha pinta. Los ingredientes son los mismos y la torta sale tal cual la foto!
Finalmente en el quinto escenario (de los millones posibles) ya ni necesitamos la receta, es más; ni necesitamos respetar los ingredientes, puesto que agregamos nuevos, sacamos viejos, modificamos los tiempos de cocción y por sobre todas las cosas, le damos nuestro 'gustito' característico.
Todas las tortas tienen en común (además de que son tortas) de que están hechas con amor y con un fin. Por sobre todas las cosas comparten el hecho de quien las prepara es consciente de que las está haciendo y lo que pretende.
Ahora, el ejercicio que propongo es que reemplacemos las 'recetas' por bendiciones u oraciones.
Resulta que a veces tenemos ganas de expresar un agradecimiento, un agasajo, felicitación, pedido, perdón, etc. y no sabemos la forma de hacerlo, porque nos cuesta mucho que nos salgan esas palabras. Para eso está justamente el Sidur. Ese es el libro que está lleno de 'recetas de tortas', recetas para todo momento.
Es interesante que si (como en el segundo caso) somos medio despistados y necesitamos ayuda, para eso están los que rezan conmigo, el minián (10 personan mayores de 12 o 13 años -si es mujer o varón-). Y más aún, el 'prestar atención a todo y responder según ellos dicen' es simplemente decir a veces amén y nada más.
En el tercer caso podemos ver que nos animamos a rezar solos. El Sidur es una guía por si nos olvidamos de algo, pero ya tenemos más experiencia a la hora de expresar una 'loa'. Lo interesante de este caso es que seguimos cumpliendo con lo que dice el texto, pero tenemos independencia para elevar una oración.
Imaginemos que de tanto 'preparar tortas' (como el cuarto escenario) ya tenemos toda la cancha y el 'no necesitar la receta' se traduce, a mi entender, como una profundización en esos textos. El texto y yo somos uno y la palabra surge de mí, ya no la leo de un libro.
Por último y superando en cierto aspecto a los otros niveles, encontramos que las palabras ya no son estáticas, sino que tenemos dominio de ellas y podemos ponerle nuestra impronta, nuestra firma. El orden de los ingredientes lo podemos ver como algo necesario o modificable, puesto que nuestra experiencia demuestra que sabemos hacer tortas y que salen riquísimas. Es posible que hasta nos animemos a crear nuevas recetas para ayudar a los demás a hacer sus oraciones, etc.
Siguiendo con la analogía entre tortas y bendiciones/oraciones, si no tenemos idea cómo realizar una, ya hay oraciones básicas que algunos escribieron para nosotros. Ya están esas 'fórmulas genéricas' para hacer bizcochuelos, hojaldradas, budines, etc. Mientras se cumpla al pie de la letra la receta, la torta saldrá bien, sin embargo, algo le falta (a mi gusto).
Siempre pienso cómo hacen mis abuelos o mi madre para que les quede tan rica la comida, que sea imposible de copiar. Por más que lo intente y siga todos los pasos, en un punto son diferentes. Después de pensar mucho, concluyo que eso que preparan contiene amor, dedicación, esfuerzo, bendiciones, deseos, ahelos, años y años de imaginarnos (a los nietos, hijos), dolor, etc. Esos ingredientes son exclusivos de quien cocina. Y le dan ese gustito característico.
Creo en definitiva que si alguien pretende rezar, elevar una exaltación, una bendición o un agradecimiento, si agarra un libro de oraciones, está bien; cumplirá con su deseo. Pero las tortas más ricas, son las que se preparan con lo que sale de nosotros para ese otro al que va dirigida.
Las Brajot (bendiciones) que encontramos en el Sidur no son más que fórmulas que nos sirven si estamos medio perdidos. Son genéricas puesto que sirven para más de una ocasión en sí. Son para todos, cualquiera las puede decir. Sin embargo, a mi entender, aquellas que surgen del corazón y expresan lo que somos, son más 'ricas' y más nosotros.
Primer escenario posible; Resulta que no sabemos hacerla. No tenemos ni la más mínima idea de cómo se prepara una torta, yo pregunto, ¿qué hacemos? La respuesta bien podría ser, comprar un libro de recetas y buscar la que más nos guste. Seguir paso por paso, ingrediente por ingrediente, mezclarlos, cocinarlos y gualá, hecha la torta.
En un segundo escenario posible, sabemos hacer la torta, pero no podemos hacerla solos, puesto que somos muy malos a la hora de respetar la receta y otro (un amigo, mamá, etc.) nos guía. Lo único que hacemos es respetar lo que nos dice y responder atentamente. La torta la hacemos y estamos más que agradecidos con quien nos ayudó.
Tercera opción; sabemos hacer la torta solos, pero no tenemos mucha cancha en el asunto. Sin embargo, la receta la tenemos ahí por si se nos olvida algún ingrediente, pero nos animamos a mezclar las cosas nosotros y tantear los tiempos nosotros según nos acordamos. La torta, obviamente sale, puede que se haya quemado un poco, puede que haya salido medio curda, pero el otro la va a comer igual porque sabe que pusimos nuestro esfuerzo en hacerla y eso cuenta mucho.
En la cuarta habitación sabemos hacer la torta porque estamos re cancheros en el 'oficio' de prepararlas. Ni hace falta que leamos la receta, porque hace años que la venimos haciendo y sale con mucha pinta. Los ingredientes son los mismos y la torta sale tal cual la foto!
Finalmente en el quinto escenario (de los millones posibles) ya ni necesitamos la receta, es más; ni necesitamos respetar los ingredientes, puesto que agregamos nuevos, sacamos viejos, modificamos los tiempos de cocción y por sobre todas las cosas, le damos nuestro 'gustito' característico.
Todas las tortas tienen en común (además de que son tortas) de que están hechas con amor y con un fin. Por sobre todas las cosas comparten el hecho de quien las prepara es consciente de que las está haciendo y lo que pretende.Ahora, el ejercicio que propongo es que reemplacemos las 'recetas' por bendiciones u oraciones.
Resulta que a veces tenemos ganas de expresar un agradecimiento, un agasajo, felicitación, pedido, perdón, etc. y no sabemos la forma de hacerlo, porque nos cuesta mucho que nos salgan esas palabras. Para eso está justamente el Sidur. Ese es el libro que está lleno de 'recetas de tortas', recetas para todo momento.
Es interesante que si (como en el segundo caso) somos medio despistados y necesitamos ayuda, para eso están los que rezan conmigo, el minián (10 personan mayores de 12 o 13 años -si es mujer o varón-). Y más aún, el 'prestar atención a todo y responder según ellos dicen' es simplemente decir a veces amén y nada más.
En el tercer caso podemos ver que nos animamos a rezar solos. El Sidur es una guía por si nos olvidamos de algo, pero ya tenemos más experiencia a la hora de expresar una 'loa'. Lo interesante de este caso es que seguimos cumpliendo con lo que dice el texto, pero tenemos independencia para elevar una oración.
Imaginemos que de tanto 'preparar tortas' (como el cuarto escenario) ya tenemos toda la cancha y el 'no necesitar la receta' se traduce, a mi entender, como una profundización en esos textos. El texto y yo somos uno y la palabra surge de mí, ya no la leo de un libro.
Por último y superando en cierto aspecto a los otros niveles, encontramos que las palabras ya no son estáticas, sino que tenemos dominio de ellas y podemos ponerle nuestra impronta, nuestra firma. El orden de los ingredientes lo podemos ver como algo necesario o modificable, puesto que nuestra experiencia demuestra que sabemos hacer tortas y que salen riquísimas. Es posible que hasta nos animemos a crear nuevas recetas para ayudar a los demás a hacer sus oraciones, etc.
Siguiendo con la analogía entre tortas y bendiciones/oraciones, si no tenemos idea cómo realizar una, ya hay oraciones básicas que algunos escribieron para nosotros. Ya están esas 'fórmulas genéricas' para hacer bizcochuelos, hojaldradas, budines, etc. Mientras se cumpla al pie de la letra la receta, la torta saldrá bien, sin embargo, algo le falta (a mi gusto).
Siempre pienso cómo hacen mis abuelos o mi madre para que les quede tan rica la comida, que sea imposible de copiar. Por más que lo intente y siga todos los pasos, en un punto son diferentes. Después de pensar mucho, concluyo que eso que preparan contiene amor, dedicación, esfuerzo, bendiciones, deseos, ahelos, años y años de imaginarnos (a los nietos, hijos), dolor, etc. Esos ingredientes son exclusivos de quien cocina. Y le dan ese gustito característico.
Creo en definitiva que si alguien pretende rezar, elevar una exaltación, una bendición o un agradecimiento, si agarra un libro de oraciones, está bien; cumplirá con su deseo. Pero las tortas más ricas, son las que se preparan con lo que sale de nosotros para ese otro al que va dirigida.
Las Brajot (bendiciones) que encontramos en el Sidur no son más que fórmulas que nos sirven si estamos medio perdidos. Son genéricas puesto que sirven para más de una ocasión en sí. Son para todos, cualquiera las puede decir. Sin embargo, a mi entender, aquellas que surgen del corazón y expresan lo que somos, son más 'ricas' y más nosotros.
Boker Tov - Buenos días
Ari Dajczman
16/07/2012 - 26 Tamuz 5772
viernes, 13 de julio de 2012
Brochettes Impunes
Esta semana, según los calendarios, toca leer la porción de
la Torá llamada Pinjas.
Pinjas era el nieto del Sumo Sacerdote (ya muerto) Aarón. Lo
que suponía que llegado el caso de que Eleazar, el padre de Pinjas, muera, éste
último debía ser nombrado Sumo Sacerdote.
En un episodio confuso que nos relata la biblia, el pueblo
de Israel había entrado en un juego de mujeres y dioses un poco peligroso. El
episodio relata que de entre todos esas personas, uno entre todos se resaltó
por haber tomado a una mujer midianita (de Midián) y estaban ‘tomados’ frente a
todo el pueblo. El resultado de este espectáculo pornográfico (a mi entender)
es cortado por la fuerza por Pinjas, quien ‘celando el celo de Dios’ hace un brochette
con una lanza y estos dos exhibicionistas.
Lo llamativo de esta curiosa narración es lo que hace Dios
con Pinjas. No lo castiga por haber asesinado a los exhibicionistas, sino que
lo premia con un pacto de paz para toda su familia. Sinceramente yo no puedo
entender cómo Pinjas es premiado por haber asesinado a mano armada a dos seres
humanos en vez de (como heredero de la responsabilidad del sacerdocio) encontrar
la manera para que cambien de actitud. Me resulta inconcebible, para colmo el
premio en sí: paz. Siendo la Paz lo que cada mujer u hombre busca para toda su
vida, tranquilidad. ¿Esto me enseña a que cuando algo no va con ‘lo que Dios
manda’ debo ‘celar su celo’ y tomar cartas extremas en el asunto? Espero
que no sea así.
Si nos situamos en el primer siglo de la Era Común, en el
año 70, el Segundo Templo de Jerusalem fue destruido a manos de los romanos –dirigidos
por el emperador Tito- por que al haberse acabado las provisiones que tenían
los defensores de las murallas dentro de ellas, tuvieron que salir a atacar al
enemigo. Lo llamativo es que quienes hicieron desaparecer las provisiones de
comida, fueron los llamados ‘Celotes’, los celadores del celo de Dios. Ellos
actuaron impunemente y obtuvieron como resultado la catástrofe más grande que hubo
sufrido el pueblo hasta 1492, expulsión de los judíos de España.
¿Acaso no actuamos nosotros también con impunidad como la de
Pinjas? Tomamos decisiones que nos parecen adecuadas y sin consultarlas o consensuarlas
las llevamos a cabo porque pensamos que estamos haciendo un bien mayor. ¿No es
cierto que todos buscamos la paz para osotros y para los nuestros? Y mi
pregunta es, ¿acaso la vamos a conseguir arrojando lanzas por ahí, frente a
todos como si sólo nosotros tuviésemos razón y estuviésemos cumpliendo los
mandatos de Dios? Creo que al afectar a otro para mal, no estoy ayudando a
conseguir un mundo mejor. Si lo que continúa es una discusión sobre el bien y
el mal, creo definitivamente que asesinar a alguien es impune y algo totalmente
negativo e injustificable. Creo que existen diversas maneras de hacer entender
al otro que hace mal (si a mi me parece mal), o por lo menos que está afectado
la vida.
Shabat Shalom.
jueves, 12 de julio de 2012
Alegorías
El siguiente texto no tiene revisión previa, por lo que solicito mucha imaginación del lector, gracias.
Hoy tuve una clase particular de Filosofía en la que
mencionamos la Alegoría de la Caverna escrito por Platón en La República.
Básicamente en el ‘mito’ se relata que hay unos hombres los
cuales nacieron encadenados a una silla (por ende ya no tienen conciencia de
estar encadenados, puesto que siempre vivieron así) y están encerrados en una
caverna. Estos hombres que vamos a llamar Encadenados, desde que son pequeños
viven viendo sombras proyectadas en el fondo de la caverna, las cuales son proyectadas
por otro hombres (los cuales llamaremos Proyectadores) quienes cargan formas
(por ejemplo un triángulo) las que son iluminadas por una fogata y por el sol
que está fuera de la caverna. Los Encadenados y los Proyectadores están
separados por una especie de biombo. Los Encadenados crecen y viven toda su
vida creyendo que las sombras son la realidad, puesto que las cadenas que
tienen son tan rígidas que no les permiten darse vuelta para siquiera ver el biombo y menos aún para
vislumbrar que haya hombres proyectado sombras de formas las cuales cargan en
sus brazos y están siendo iluminadas por una fogata y por el sol.
Entramos acá en la pregunta de si es posible que alguno de
los hombres que está ahí encerrado entienda que eso que ve, son sombras y que
la realidad es otra. Entre pitos y flautas, se dijo que sí y que no.
El relato sigue y Platón cuenta que uno de los Encadenados
se despierta un día y ve que sus cadenas se caen. Este hombre al que llamaremos
Encadenado Desencadenado se levanta de su silla y descubre lo que estaba
sucediendo. El relato cuenta que el Encadenado Desencadenado sale de la caverna
y regresa a buscar a sus compañeros para contarles lo que sucedía.
Más allá de ser un relato sumamente rico en contenido filosófico
y ético-político, a mí personalmente me genera la siguiente cuestión: El hecho
de soltarse de las cadenas, ¿cómo impacta en nuestras vidas? ¿A caso no somos
todos hombres y mujeres como los Encadenados quienes crecimos con verdades a
las cuales estamos atados? ¿No es verdad que veinte, cincuenta, ciento cincuenta
y hasta tres mil años de historia, encadenan a alguien? ¿No es verdad que esas
verdades que creemos reales pueden caer de un décimo piso contra el
asfalto de un día para otro? ¿No pasa
que ‘eso es lo que es’ o ‘eso lo que pasa’? ¿Qué nos pasa cuando lo que
creíamos ser o creer ya no es tan así? Cuando decimos ‘esta es la verdad’
¿no estaríamos actuando de Proyectadores? ¿No nos encantaría ser el Encadenado
Desencadenado?
Yo creo que sí. Ser el Encadenado Desencadenado es algo que
no cambiaría por nada. Uno de los placeres más grandes de mi vida es darme
cuenta de que las cosas no son como yo las veo, sino como yo las aprehendo.
Es que según lo concibo, poder ver que las cosas no son
tan así es entender un poco más la realidad. Y con realidad quiero decir la
totalidad, no ‘lo real’.
Pienso que desde que nacemos, siendo seres humanos (como
somos) crecemos teniendo cadenas que nos atan o nos ligan a ciertas cosas de
las que es muy difícil soltarse, tanto que parece como si ni siquiera
estuviésemos atados. Siento que cada cosa que aprendemos de los demás es
algo que nos sirve para soltarnos de esas ‘esposas’ y atarnos a un todo. Siento
que es deber y responsabilidad de cada uno de nosotros, que al saber un ‘atajo’
en la carrera de soltarse de las cadenas, ayude a otro a desprenderse de las
mismas. Y ahí está el desafío, encontrar
la manera, la forma de hacerle entender a quien esté dispuesto a escuchar que
lo que ve no es tan así. De que las sombras que otros nos proyectan, lo
que genera en nosotros es comodidad, y conformidad. Sin embargo, si no está
dispuesto a escuchar, está en los Encadenados Desencadenados encontrar la forma
de entrar a ese corazón encuadernado.
Es el desafío que propongo, Desencadenarnos, Encadenados; y
ayudar a Desencadenar Encadenados.
viernes, 6 de julio de 2012
Testamento Ético
''Hijo mio:
Escucha mis palabras, y no desdeñes nada de lo que diga.
Recuerda siempre mi consejo; así prosperarás y vivirás del mejor modo posible. Sabes que te he educado en sabiduría y virtud. Te alimenté y te vestí. Renuncié al sueño para educarte, y hacerte sabio, y elevarte al máximo grado posible de conocimiento y de moral.
Te honré al proveerte de una extensa biblioteca, para que no necesites pedir libros prestados. Asimismo, hice para ti libros de todas las ramas de conocimiento. Viendo que Dios te ha dado un corazón sabio y comprensivo, viajé a los extremos de la tierra para conseguirte un maestro en ciencias laicas.
Han pasado más de siete años desde que empezaste a estudiar la caligrafía árabe, pero pese a mis ruegos, no te has esmerado en ello.
Sabes muy bien cómo nuestros más destacados compatriotas han alcanzado posiciones elevadas gracias a su pericia en la escritura árabe. Shamuel HaNaguid atribuía su carrera ascendente a esta capacidad. También otros obtuvieron riquezas y honores gracias a su árabe.
Tampoco has adquirido la suficiente habilidad para la escritura hebrea, pese a que pagué 30 piezas de oro por año a tu maestro.
Dedícate al estudio de la Torah y también al de la medicina. Despierta de tu sueño, entrégate a la ciencia y a la vida moral. Como dice un filósofo árabe, existen dos ciencias, la ética y la física; procura destacarte en ambas.
Que tus libros sean tus compañeros. Que los estantes de tu biblioteca sean tu campo de juego y tu jardín. Cosecha tus frutos. Si te cansas de ellos, vé de jardín en jardín, de surco en surco. Entonces querrás aprender más.
Lee todas las semanas el fragmento correspondiente de la Torah en árabe. Ello mejorará tu vocabulario árabe y te ayudará a traducir, si te sientes inclinado a ello.
En cuanto a matrimonio, ninguno de tus compañeros llevó a cabo una unión más honorable. Tomé para ti la hija de una familia culta y distinguida, erudita y de alta posición. No te vendí por dinero, como muchos más ricos que yo han hecho. En honor a mí, te agasajaron en tu boda la realeza y las máximas autoridades religiosas (no judías), hombres de la mayor distinción. Y si el Creador ha mostrado Su amor hacia ti y hacha mí, de modo tal que judíos y no judíos te han honrado por respeto a mí, procura en adelante añadir a tu honor, para que seas respetado por ti mismo.
Que tu rostro se ilumine ante todo hombre. Cuida a los enfermos, y ojalá que tu conocimiento los cure. Acepta el pago de los ricos, pero ayuda a los pobres sin que te paguen. El Señor te recompensará. De este modo, obtendrás el respeto de altos y bajos, entre judíos y no judío.
Que Aquél que da la sabiduría al simple y el conocimiento al joven, te dé un buen corazón y un oído atento. De este modo, nuestra alma agradecerá al Señor y se regocijará en su salvación''
Testamento Ético del judío español Yehuda Ibn Tibón, para su hijo Samuel. Al rededor de 1190.
Escucha mis palabras, y no desdeñes nada de lo que diga.
Recuerda siempre mi consejo; así prosperarás y vivirás del mejor modo posible. Sabes que te he educado en sabiduría y virtud. Te alimenté y te vestí. Renuncié al sueño para educarte, y hacerte sabio, y elevarte al máximo grado posible de conocimiento y de moral.
Han pasado más de siete años desde que empezaste a estudiar la caligrafía árabe, pero pese a mis ruegos, no te has esmerado en ello.
Sabes muy bien cómo nuestros más destacados compatriotas han alcanzado posiciones elevadas gracias a su pericia en la escritura árabe. Shamuel HaNaguid atribuía su carrera ascendente a esta capacidad. También otros obtuvieron riquezas y honores gracias a su árabe.
Tampoco has adquirido la suficiente habilidad para la escritura hebrea, pese a que pagué 30 piezas de oro por año a tu maestro.
Dedícate al estudio de la Torah y también al de la medicina. Despierta de tu sueño, entrégate a la ciencia y a la vida moral. Como dice un filósofo árabe, existen dos ciencias, la ética y la física; procura destacarte en ambas.
Que tus libros sean tus compañeros. Que los estantes de tu biblioteca sean tu campo de juego y tu jardín. Cosecha tus frutos. Si te cansas de ellos, vé de jardín en jardín, de surco en surco. Entonces querrás aprender más.
Lee todas las semanas el fragmento correspondiente de la Torah en árabe. Ello mejorará tu vocabulario árabe y te ayudará a traducir, si te sientes inclinado a ello.
En cuanto a matrimonio, ninguno de tus compañeros llevó a cabo una unión más honorable. Tomé para ti la hija de una familia culta y distinguida, erudita y de alta posición. No te vendí por dinero, como muchos más ricos que yo han hecho. En honor a mí, te agasajaron en tu boda la realeza y las máximas autoridades religiosas (no judías), hombres de la mayor distinción. Y si el Creador ha mostrado Su amor hacia ti y hacha mí, de modo tal que judíos y no judíos te han honrado por respeto a mí, procura en adelante añadir a tu honor, para que seas respetado por ti mismo.
Que tu rostro se ilumine ante todo hombre. Cuida a los enfermos, y ojalá que tu conocimiento los cure. Acepta el pago de los ricos, pero ayuda a los pobres sin que te paguen. El Señor te recompensará. De este modo, obtendrás el respeto de altos y bajos, entre judíos y no judío.
Que Aquél que da la sabiduría al simple y el conocimiento al joven, te dé un buen corazón y un oído atento. De este modo, nuestra alma agradecerá al Señor y se regocijará en su salvación''
Testamento Ético del judío español Yehuda Ibn Tibón, para su hijo Samuel. Al rededor de 1190.
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