Primer escenario posible; Resulta que no sabemos hacerla. No tenemos ni la más mínima idea de cómo se prepara una torta, yo pregunto, ¿qué hacemos? La respuesta bien podría ser, comprar un libro de recetas y buscar la que más nos guste. Seguir paso por paso, ingrediente por ingrediente, mezclarlos, cocinarlos y gualá, hecha la torta.
En un segundo escenario posible, sabemos hacer la torta, pero no podemos hacerla solos, puesto que somos muy malos a la hora de respetar la receta y otro (un amigo, mamá, etc.) nos guía. Lo único que hacemos es respetar lo que nos dice y responder atentamente. La torta la hacemos y estamos más que agradecidos con quien nos ayudó.
Tercera opción; sabemos hacer la torta solos, pero no tenemos mucha cancha en el asunto. Sin embargo, la receta la tenemos ahí por si se nos olvida algún ingrediente, pero nos animamos a mezclar las cosas nosotros y tantear los tiempos nosotros según nos acordamos. La torta, obviamente sale, puede que se haya quemado un poco, puede que haya salido medio curda, pero el otro la va a comer igual porque sabe que pusimos nuestro esfuerzo en hacerla y eso cuenta mucho.
En la cuarta habitación sabemos hacer la torta porque estamos re cancheros en el 'oficio' de prepararlas. Ni hace falta que leamos la receta, porque hace años que la venimos haciendo y sale con mucha pinta. Los ingredientes son los mismos y la torta sale tal cual la foto!
Finalmente en el quinto escenario (de los millones posibles) ya ni necesitamos la receta, es más; ni necesitamos respetar los ingredientes, puesto que agregamos nuevos, sacamos viejos, modificamos los tiempos de cocción y por sobre todas las cosas, le damos nuestro 'gustito' característico.
Todas las tortas tienen en común (además de que son tortas) de que están hechas con amor y con un fin. Por sobre todas las cosas comparten el hecho de quien las prepara es consciente de que las está haciendo y lo que pretende.Ahora, el ejercicio que propongo es que reemplacemos las 'recetas' por bendiciones u oraciones.
Resulta que a veces tenemos ganas de expresar un agradecimiento, un agasajo, felicitación, pedido, perdón, etc. y no sabemos la forma de hacerlo, porque nos cuesta mucho que nos salgan esas palabras. Para eso está justamente el Sidur. Ese es el libro que está lleno de 'recetas de tortas', recetas para todo momento.
Es interesante que si (como en el segundo caso) somos medio despistados y necesitamos ayuda, para eso están los que rezan conmigo, el minián (10 personan mayores de 12 o 13 años -si es mujer o varón-). Y más aún, el 'prestar atención a todo y responder según ellos dicen' es simplemente decir a veces amén y nada más.
En el tercer caso podemos ver que nos animamos a rezar solos. El Sidur es una guía por si nos olvidamos de algo, pero ya tenemos más experiencia a la hora de expresar una 'loa'. Lo interesante de este caso es que seguimos cumpliendo con lo que dice el texto, pero tenemos independencia para elevar una oración.
Imaginemos que de tanto 'preparar tortas' (como el cuarto escenario) ya tenemos toda la cancha y el 'no necesitar la receta' se traduce, a mi entender, como una profundización en esos textos. El texto y yo somos uno y la palabra surge de mí, ya no la leo de un libro.
Por último y superando en cierto aspecto a los otros niveles, encontramos que las palabras ya no son estáticas, sino que tenemos dominio de ellas y podemos ponerle nuestra impronta, nuestra firma. El orden de los ingredientes lo podemos ver como algo necesario o modificable, puesto que nuestra experiencia demuestra que sabemos hacer tortas y que salen riquísimas. Es posible que hasta nos animemos a crear nuevas recetas para ayudar a los demás a hacer sus oraciones, etc.
Siguiendo con la analogía entre tortas y bendiciones/oraciones, si no tenemos idea cómo realizar una, ya hay oraciones básicas que algunos escribieron para nosotros. Ya están esas 'fórmulas genéricas' para hacer bizcochuelos, hojaldradas, budines, etc. Mientras se cumpla al pie de la letra la receta, la torta saldrá bien, sin embargo, algo le falta (a mi gusto).
Siempre pienso cómo hacen mis abuelos o mi madre para que les quede tan rica la comida, que sea imposible de copiar. Por más que lo intente y siga todos los pasos, en un punto son diferentes. Después de pensar mucho, concluyo que eso que preparan contiene amor, dedicación, esfuerzo, bendiciones, deseos, ahelos, años y años de imaginarnos (a los nietos, hijos), dolor, etc. Esos ingredientes son exclusivos de quien cocina. Y le dan ese gustito característico.
Creo en definitiva que si alguien pretende rezar, elevar una exaltación, una bendición o un agradecimiento, si agarra un libro de oraciones, está bien; cumplirá con su deseo. Pero las tortas más ricas, son las que se preparan con lo que sale de nosotros para ese otro al que va dirigida.
Las Brajot (bendiciones) que encontramos en el Sidur no son más que fórmulas que nos sirven si estamos medio perdidos. Son genéricas puesto que sirven para más de una ocasión en sí. Son para todos, cualquiera las puede decir. Sin embargo, a mi entender, aquellas que surgen del corazón y expresan lo que somos, son más 'ricas' y más nosotros.
Boker Tov - Buenos días
Ari Dajczman
16/07/2012 - 26 Tamuz 5772
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