Aconteció hoy charlando con un amigo (un amigo de esos de los que podes hablar temas que con otras personas no) que entre palabras se nos escapó una verdad, una verdad tan grande que es difícil refutarla.
Estábamos hablando de que es un gran problema cuando alguien idolatra al otro, por un gran saber o una cualidad importante y la conversación cambió de tema a cuando uno no idolatra al otro, si no, que no le da el valor que este merece.
No sé si me explico: ¿Quién es esa persona a la que realmente admiramos? Y por consiguiente, ¿a quién no? Y la tercera pregunta que viene conectada a cualquiera de las dos es ¿por qué?
Siento que sigo sin explicarme, perdón, tiendo a escribir en trabalenguas. Siempre los ejemplos son muy útiles.
Pregunta para vos que estás leyendo esto: ¿Admirás a Albert Einstein? ¿Admirás a Aristóteles? ¿Admirás a un amigo, un pariente, un maestro, alguien de la televisión? ¿Admirás a alguien aunque sea? ¿Por qué?
En esto me quiero detener: qué es lo que tiene esa persona para que la admiremos tanto. Qué es eso que cuando lo vemos, escuchamos, sentimos nos pone como locos y nos activa un interruptor (que parece tener tierra por lo poco que se activa, generalmente).
La respuesta es obvia, eso que tiene esa persona es lo que nosotros mismos quisiéramos tener acá y ahora.
¿Cuándo no admiramos a alguien? Cuando no nos interesa eso que tiene, cuando lo sentimos lejos nuestro o cuando vemos que no podemos rescatar nada de la otra persona. (Error gravísimo, lo que tenemos que hacer es poder rescatar eso que tiene de especial nuestro prójimo, el otro, y ahí vamos a ver cuanto lo admiramos)
La charla siguió (como me indica mi memoria, que bastante puede engañar) y apareció la pregunta ‘¿cuándo uno empieza a idolatrar al otro?’. Seguramente esta pregunta tendrá muchas respuestas, pero la nuestra fue la siguiente: Si bien podés admirar a una persona, cuando te das cuenta de que no vas a poder llegar a donde este personaje tan importante ha llegado, le empezás a dar un valor un poco superior al de admiración. Este valor nuevo puede ser como no, idolatría[1]. Digo ‘como no’ porque ése es justamente el punto central de la cuestión.
Existen muchas cosas que pueden cambiar cuando tu cabeza hace ese ‘clic’ y se abren tus ojos y te das cuenta que no vas a poder alcanzar a tu sujeto admirado. Lo peor que podés hacer es darle el valor de ídolo, porque el día que se equivoque vas a tomar su error como algo que está bien o vas a encontrar siempre una excusa para defenderlo y cegar tus ojos. Al idolatrar a una persona le estamos dando un valor sobre-humano que lamento decirles, señoras y señores, niños y niñas, nadie tiene. Y si les creé un paradigma en su forma de pensar, vayan aceptándolo, porque es esa verdad de la que hablaba al principio. Dios nos hizo humanos como los que somos, nadie más grande ni grandioso que otro, sino todos diferentes. Nadie por encima de nadie. Personas simples con una gran potencial por desarrollar. ¿Será que eso es justamente lo que tenemos que lograr? ¿Desarrollar nuestro potencial al máximo? Ser las mejores personas que podamos, tomando los mejores ejemplos de los demás y no quedarnos con ser IGUALES a ellos, por la simple razón de que nadie está completo, sino que viene a este mundo a completarse. Desde el comienzo, desde Bereshit que es así. Repito, si empezamos a idolatrar a algún otro, pobre de nosotros cuando (a) justifiquemos los errores de nuestro ‘ídolo’ (b) llegue al punto de que nuestro ‘ídolo’ cometa cierto error (como es posible ya que es un humano sin poderes mágicos más que los que tenemos todos) que se nos caiga la imagen que teníamos de él y pasemos de idolatrarlo a odiarlo.
Quiera Dios que podamos rescatar siempre las cosas positivas de todos los demás. Que podamos verlos como pares a nosotros y no personas inferiores o superiores. Que abramos los ojos y seamos concientes de que no somos personas terminadas, que el día a día cuenta para sumar o restar. Eso sólo depende de nosotros.
Shabat Shalom
Ari Dajczman
10/06/11 – 8 Sivan 5771
[1] Si bien la palabra idolatría connota ídolo - imagen de una deidad representada por un objeto (escultura, pintura, etc.), que es adorado (le es rendido culto ) – no quiero usar ese significado si no el de ‘‘algo más que hombre común y corriente’’
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