El siguiente texto no tiene revisión previa, por lo que solicito mucha imaginación del lector, gracias.
Hoy tuve una clase particular de Filosofía en la que
mencionamos la Alegoría de la Caverna escrito por Platón en La República.
Básicamente en el ‘mito’ se relata que hay unos hombres los
cuales nacieron encadenados a una silla (por ende ya no tienen conciencia de
estar encadenados, puesto que siempre vivieron así) y están encerrados en una
caverna. Estos hombres que vamos a llamar Encadenados, desde que son pequeños
viven viendo sombras proyectadas en el fondo de la caverna, las cuales son proyectadas
por otro hombres (los cuales llamaremos Proyectadores) quienes cargan formas
(por ejemplo un triángulo) las que son iluminadas por una fogata y por el sol
que está fuera de la caverna. Los Encadenados y los Proyectadores están
separados por una especie de biombo. Los Encadenados crecen y viven toda su
vida creyendo que las sombras son la realidad, puesto que las cadenas que
tienen son tan rígidas que no les permiten darse vuelta para siquiera ver el biombo y menos aún para
vislumbrar que haya hombres proyectado sombras de formas las cuales cargan en
sus brazos y están siendo iluminadas por una fogata y por el sol.
Entramos acá en la pregunta de si es posible que alguno de
los hombres que está ahí encerrado entienda que eso que ve, son sombras y que
la realidad es otra. Entre pitos y flautas, se dijo que sí y que no.
El relato sigue y Platón cuenta que uno de los Encadenados
se despierta un día y ve que sus cadenas se caen. Este hombre al que llamaremos
Encadenado Desencadenado se levanta de su silla y descubre lo que estaba
sucediendo. El relato cuenta que el Encadenado Desencadenado sale de la caverna
y regresa a buscar a sus compañeros para contarles lo que sucedía.
Más allá de ser un relato sumamente rico en contenido filosófico
y ético-político, a mí personalmente me genera la siguiente cuestión: El hecho
de soltarse de las cadenas, ¿cómo impacta en nuestras vidas? ¿A caso no somos
todos hombres y mujeres como los Encadenados quienes crecimos con verdades a
las cuales estamos atados? ¿No es verdad que veinte, cincuenta, ciento cincuenta
y hasta tres mil años de historia, encadenan a alguien? ¿No es verdad que esas
verdades que creemos reales pueden caer de un décimo piso contra el
asfalto de un día para otro? ¿No pasa
que ‘eso es lo que es’ o ‘eso lo que pasa’? ¿Qué nos pasa cuando lo que
creíamos ser o creer ya no es tan así? Cuando decimos ‘esta es la verdad’
¿no estaríamos actuando de Proyectadores? ¿No nos encantaría ser el Encadenado
Desencadenado?
Yo creo que sí. Ser el Encadenado Desencadenado es algo que
no cambiaría por nada. Uno de los placeres más grandes de mi vida es darme
cuenta de que las cosas no son como yo las veo, sino como yo las aprehendo.
Es que según lo concibo, poder ver que las cosas no son
tan así es entender un poco más la realidad. Y con realidad quiero decir la
totalidad, no ‘lo real’.
Pienso que desde que nacemos, siendo seres humanos (como
somos) crecemos teniendo cadenas que nos atan o nos ligan a ciertas cosas de
las que es muy difícil soltarse, tanto que parece como si ni siquiera
estuviésemos atados. Siento que cada cosa que aprendemos de los demás es
algo que nos sirve para soltarnos de esas ‘esposas’ y atarnos a un todo. Siento
que es deber y responsabilidad de cada uno de nosotros, que al saber un ‘atajo’
en la carrera de soltarse de las cadenas, ayude a otro a desprenderse de las
mismas. Y ahí está el desafío, encontrar
la manera, la forma de hacerle entender a quien esté dispuesto a escuchar que
lo que ve no es tan así. De que las sombras que otros nos proyectan, lo
que genera en nosotros es comodidad, y conformidad. Sin embargo, si no está
dispuesto a escuchar, está en los Encadenados Desencadenados encontrar la forma
de entrar a ese corazón encuadernado.
Es el desafío que propongo, Desencadenarnos, Encadenados; y
ayudar a Desencadenar Encadenados.

